Queridos lectores,
Desde el minnesang medieval hasta el gospel moderno, la música ha cambiado a lo largo de los siglos, y con ella también sus formas, estilos y maneras de ser escuchada. Algunas de estas expresiones nos resultan cercanas; otras nos dejan más bien desconcertados. Y, sin embargo, hay personas que encuentran en ellas belleza, consuelo o alegría.
En el gospel, por ejemplo, el groove es fundamental. Sin él, la música puede sonar correcta, pero carece de vida. Los acentos suelen caer entre los tiempos. No todo el mundo percibe esto de forma consciente, ni a todos les parece espontáneamente bello. Incluso hay coros de gospel que no lo logran aplicar. Aun así, forma parte esencial de este estilo.
Los seres humanos tendemos a clasificar rápidamente la música (y muchas otras cosas) como correcta o incorrecta, buena o mala, a menudo según si nos gusta personalmente y según lo que creemos saber sobre ello. Pero esta forma de evaluar se queda corta.
Aplicado a la música, podría significar:
“No es mi estilo, pero veo que para ti tiene un significado.”
“Tengo dificultades con estas letras”, en lugar de “Quien escucha esto está equivocado”.
Jesús enseñó la tolerancia. La tolerancia no significa que todo nos tenga que gustar. Significa aceptar lo diferente sin menospreciarlo y, al mismo tiempo, decidir conscientemente qué queremos escuchar.
Porque: no todo lo que no me gusta es, por eso, malo.
Saludos,
Wolfram Laube
